Como tu cuerpo se protege a sí mismo,el sistema inmunitario.

Si una estrella de mar se encuentra en peligro, puede soltar una de sus patas y hacer crecer una nueva. Algo similar pasa si la cola de un lagarto se queda cogida en algún lugar, o el mismo la suelta porque se siente en peligro. Al final su cuerpo va a construir una nueva. Esto sucede a través de un proceso que se conoce como regeneración, y este proceso sucede en la mayoría de los seres vivos.

Cuando hablamos de los seres humanos, sabemos que no vamos a hacer crecer un brazo o una pierna si lo perdemos, pero nuestro cuerpo tiene mecanismos de defensa naturales que nos ayudan a protegernos. A través del proceso de regeneración, podemos luchar contra las infecciones, frenar el envejecimiento, reparar proteínas y enzimas que se han roto, luchar contra una gripe o resfriado, además de eliminar células cancerígenas que crecen en nuestro cuerpo cada día.

las defensas

El sistema inmunitario.

El cuerpo humano se somete a constantes ataques por bacterias, virus y parásitos y estamos expuestos de manera simultánea a millones de sustancias químicas, toxinas y todo tipo de peligros. El cuerpo humano tiene una asombrosa habilidad para protegerse a sí mismo de todos estos agentes, porque si esto no fuese así, estaríamos enfermos toda nuestra vida. En vez de eso, tan sólo nos ponemos enfermos una vez de vez en cuando, cuando nuestro sistema inmunitario está bajo de defensas. Éstos son algunos de los factores que son esenciales para nuestro sistema inmunitario:

  • Una dieta saludable.
  • Descanso adecuado.
  • Actividad física diaria.
  • Un ambiente saludable (luz del sol, aire fresco, agua limpia).

Componentes del sistema inmunológico.

Éstos son algunos de los componentes de nuestro sistema inmunológico:

La piel: es el órgano más grande del cuerpo humano, nuestra piel es la gran barrera que previene de que la mayoría de infecciones y agentes externos acceda a nuestro cuerpo para dañarlo.

Mucosa: las aperturas del cuerpo que no están protegidas por la piel, como por ejemplo la boca, los ojos, la nariz, etcétera, tienen membranas de mucosa. Éstas membranas segregan sustancias químicas como la lisozima, que puede eliminar agentes invasores.

Los cilios: los cilios son unos pelos muy pequeños que se encuentran dentro del sistema respiratorio. Ellos se encargan de expulsar todas las sustancias contaminantes que intentan acceder a nuestro sistema cada vez que respiramos. Los cilios trabajan con frecuencia en conjunción con la mucosa, dado que la mucosa se encarga de atrapar estos agentes contaminantes y los cilios se encargan de expulsarlos de nuestro sistema.

Ácidos: nuestro estómago, y algunos de nuestros órganos, contienen ácido, para así poder eliminar algunos gérmenes que acceden a nuestros cuerpos a través de la comida.

Glóbulos blancos: los glóbulos blancos son nuestra principal línea de defensa, tal como pueden ser los peones en el ajedrez. Los glóbulos blancos son las células de nuestro cuerpo que se encargan de defender al organismo de las infecciones y a su vez eliminan los residuos y los desechos que quedan depositados en nuestros tejidos. Están almacenados en la médula ósea y salen a nuestro flujo sanguíneo cuando nuestro organismo lo requiere.

La inflamación: cuando una parte específica de nuestro cuerpo es herida, se vuelve roja e inflamada. Esta inflamación ayudar a nuestro cuerpo a atraer la atención de nuestro sistema inmunológico, para que así empieze a reparar y a curar esta parte afectada.

Los anticuerpos: se encargan de combatir y eliminar las bacterias, virus o parásitos que provocan el malestar en nuestro organismo. Son glucoproteínas que circulan por nuestra sangre buscando antígenos que quieran dañar nuestro organismo. Conocer el mecanismo de respuesta de nuestro cuerpo a antígenos, ha sido la clave para dar lugar a la creación de las vacunas.

Linfocitos T: son los responsables de que nuestro sistema celular responda a la hora de coordinar las formas de respuestas inmunes. Se encargan de responder a los antígenos y a su vez recordarlos. Estas células son las que se encargan de alertar al resto de células de que algo malo ocurre en nuestro cuerpo.